TECNOGLOBALISMO: THIEL Y PALANTIR

Las fronteras entre tecnología, finanzas y política se diluyen, allí emerge una figura central: Peter Thiel y Palantir. Lo que nadie cuenta del nuevo manifiesto.

SOBERANISMO

Theo Belok

4/29/20269 min read

En el escenario contemporáneo del poder global, donde las fronteras entre tecnología, finanzas y política se diluyen, emerge una figura central: Peter Thiel. Es cofundador de PayPal, inversor temprano de Facebook y creador de Palantir. El magnate representa mucho más que un empresario exitoso: encarna una nueva élite que articula poder económico, influencia política y control tecnológico. Este fenómeno, que algunos autores han denominado “tecnofeudalismo”, redefine las relaciones de poder en el siglo XXI.

Peter Thiel: el magnate tecnofeudalista

Es un capitalista de riesgo y empresario nacido en Alemania en 1967, conocido por su rol clave en Silicon Valley y por su influencia en la política estadounidense. Fue uno de los primeros inversores en Facebook y cofundador de PayPal. Es el socio director de la firma de capital de riesgo (venture capital) Founders Fund, que gestiona unos 17 mil millones de dólares. Es presidente del Consejo de Administración de Palantir Technologies. Thiel se enfoca en la visión estratégica de alto nivel y en la relación de la empresa con el sector de defensa y seguridad nacional.

Pero su relevancia no se limita al ámbito empresarial. El magnate ha sido un actor político activo, especialmente dentro del Partido Republicano. Su influencia se refleja en el ascenso de figuras como JD Vance, a quien financió y apoyó en su carrera política. En 2022, Thiel donó la cifra récord de 15 millones de dólares a un super PAC para apoyar la candidatura de Vance al Senado por Ohio, lo que fue decisivo para su victoria.

Vance trabajó como ejecutivo en el fondo Mithril Capital, también de Peter Thiel, una etapa que le permitió construir la red de contactos y el respaldo financiero necesarios para su posterior ascenso político. Vance no solo trabajó en su fondo de inversión, sino que su relación fue clave para su inserción en las élites políticas estadounidenses. Esta conexión ilustra cómo el poder tecnológico y financiero puede proyectarse directamente sobre la estructura política.

El magnate también ha sido descrito como un crítico de la democracia liberal tradicional, inclinándose hacia visiones más elitistas del poder. Esta perspectiva lo posiciona como una figura paradigmática del llamado tecnofeudalismo: un sistema donde las élites tecnológicas concentran poder estructural sobre sociedades enteras.

¿Qué es Palantir? Tecnología, vigilancia y dependencia

Palantir Technologies fue fundada en 2003 por Thiel junto a Alex Karp (actual CEO), con el objetivo inicial de aplicar tecnologías de análisis de datos al combate del terrorismo.

Desde sus inicios, la empresa contó con financiamiento vinculado a agencias de inteligencia estadounidenses, lo que marcó su orientación hacia el sector de defensa y seguridad. Su software permite integrar, analizar y visualizar enormes volúmenes de datos provenientes de múltiples fuentes, desde vigilancia hasta registros financieros.

Sin embargo, su expansión global ha generado controversias. Palantir ha establecido contratos con gobiernos, fuerzas armadas y organismos de seguridad en diversos países, convirtiéndose en una infraestructura crítica para la toma de decisiones estatales. Este proceso implica algo más que la provisión de software: implica la incorporación de lógicas, algoritmos y dependencias tecnológicas externas.

Diversos analistas advierten que estas plataformas no son neutrales. Según estudios académicos, el software de Palantir no solo procesa datos, sino que también influye en las prácticas institucionales, moldeando políticas de seguridad y vigilancia.

En términos geopolíticos, esto puede traducirse en una nueva forma de dependencia: los Estados que adoptan estas tecnologías quedan atados a proveedores privados extranjeros vinculados al Pentágono, que controlan infraestructuras críticas de información.

La serie Person of Interest (Vigilados), protagonizada por Jim Caviezel, resulta conceptualmente reveladora para entender estos procesos. En ella, una inteligencia artificial analiza datos masivos, predice actos violentos antes de que ocurran y opera en secreto dentro del aparato estatal. Aunque se trata de ficción, refleja temores muy reales sobre cómo la convergencia entre big data, inteligencia artificial y seguridad puede derivar en sistemas de vigilancia extremadamente peligrosos. En este sentido, diversos analistas han señalado que herramientas como las de Palantir Technologies representan una versión menos fantasiosa, pero estructuralmente similar, donde la capacidad de anticipar comportamientos y orientar decisiones institucionales ya forma parte del presente.

El tema de fondo es quién controla estos sistemas y bajo qué reglas. Sin transparencia, supervisión democrática y límites claros, tecnologías como las de Palantir pueden inclinarse hacia formas de control social liberticidas cada vez más profundas.

El simbolismo problemático

El nombre Palantir Technologies no parece ser un nombre inocente: remite a "las piedras videntes" los palantíri (singular: palantír) del Señor de los Anillos, que son unas piedras mágicas que permiten ver a distancia y obtener información, incluso sobre eventos lejanos en el espacio o el tiempo. Funcionan como herramientas de vigilancia y conocimiento, aunque también pueden ser peligrosas si quien las usa es manipulado, especialmente cuando ese conocimiento está mediado por fuerzas opacas. Las visiones podían ser manipuladas por un usuario poderoso, como Sauron, lo que convertía a las piedras en instrumentos de propaganda o engaño. Trasladado al mundo real, el paralelismo con una empresa dedicada al análisis masivo de datos y vigilancia, resulta cuanto menos inquietante.

La financiación problemática

A esto se suma su financiación temprana por parte de In-Q-Tel, el brazo inversor de la CIA, que apostó por la compañía desde sus inicios con un capital semilla de 2 millones de dólares. Lo más sugestivo no fue el dinero, sino el respaldo institucional temprano y el acceso a contratos gubernamentales dentro del aparato de seguridad e inteligencia de Estados Unidos. Este origen vinculado a agencias de espionaje, refuerza la percepción de que sus tecnologías no son simplemente herramientas neutrales, sino piezas integradas en estructuras de poder estatal estadounidense. Se necesita ser lo suficientemente ingenuo para no pensar que puede tratarse de una empresa pantalla de la CIA.

La necesaria suspicacia

Por eso, más que ingenuidad o paranoia, la desconfianza hacia Palantir puede leerse como una reacción razonable ante la combinación de simbolismo y contexto. Sus capacidades técnicas son indudables, pero también lo son las preguntas que planteo sobre vigilancia, concentración de información y rendición de cuentas. En un entorno donde los datos se han vuelto una forma de poder, mantener una actitud crítica frente a actores como Palantir Technologies no es un exceso: es, probablemente, una necesidad.

Neofeudalismo financiero y tecnológico

El concepto de neofeudalismo, ha ganado relevancia en los últimos años para describir una transformación estructural del capitalismo. En lugar de mercados abiertos y competitivos, emergen estructuras dominadas por grandes plataformas y fondos de inversión.

Como señalé en mi libro "Globalismo ¿Qué es y cómo derrotarlo?", tenemos por un lado el neofeudalismo financiero, que se manifiesta en la concentración del capital en manos de grandes fondos y corporaciones que operan a escala global. Estos actores influyen en economías nacionales, condicionando políticas públicas a través de grupos de presión, sobornando a políticos y creando ONG y movimientos sociales.

Por otro lado, tenemos el neofeudalismo tecnológico que se expresa en el control de infraestructuras digitales, datos y algoritmos por parte de empresas privadas. En este esquema, compañías como Palantir actúan como “señores feudales digitales”, ofreciendo servicios que se tornan indispensables a cambio de acceso a información estratégica.

Críticos como el economista Yanis Varoufakis han señalado que este modelo configura una nueva etapa del capitalismo, donde el poder ya no reside solo en la propiedad de los medios de producción, sino en el control de plataformas tecnológicas.

Este análisis converge con planteamientos que hice anteriormente, los cuales advierten sobre la erosión de la soberanía nacional frente a actores transnacionales.

El manifiesto de Palantir y la “república tecnológica”

Recientemente, el CEO de Palantir, Alex Karp, publicó un manifiesto que ha generado intensas críticas y temor. En él, se plantea una visión del mundo donde la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, se convierte en el eje central del poder político y militar.

El documento, vinculado a la idea de una “república tecnológica”, propone una reconfiguración del Estado basada en el uso intensivo de software, datos y capacidades de vigilancia.

El manifiesto ha sido criticado por su tono belicista, su defensa de la supremacía tecnológica y su cuestionamiento de valores democráticos tradicionales. Algunos analistas lo han calificado como una forma de tecnofascismo o tecnofeudalismo, en tanto legitima el dominio de élites tecnológicas sobre la sociedad.

Además, se plantea una visión donde el Estado se convierte en una extensión de las grandes corporaciones tecnológicas, diluyendo la frontera entre lo público y lo privado.

Aunque el manifiesto de Alex Karp (publicado en abril de 2026) se presenta como un acto de patriotismo estadounidense, su ejecución es globalista por diseño. La meta no es solo vender software, sino que la infraestructura de Palantir se convierta en el "sistema operativo" de los gobiernos aliados. Si un país adopta su tecnología para defensa, inmigración o salud, ese país queda integrado en una arquitectura lógica diseñada en Silicon Valley.

Oficialmente, la "República Tecnológica" es un concepto estadounidense en la forma. Karp y Thiel defienden que la tecnología debe servir a los intereses de Occidente, liderado por Estados Unidos. Aunque el discurso es aparentemente “nacionalista”, la infraestructura de Palantir es global. Su proyección es crear un ecosistema donde los aliados de EE. UU. (la "Esfera de Influencia Occidental") adopten este sistema operativo de gobierno y defensa.

En términos generales, el manifiesto plantea una forma de maximizar ganancias y poder para ellos mismos.

La idea de la República Tecnológica se exporta a países aliados (como los recientes acercamientos con el gobierno de Javier Milei en Argentina o contratos con el Reino Unido y Ucrania). Es global en el sentido de que buscan que todo el "mundo libre" funcione bajo la misma arquitectura lógica y técnica proporcionada por empresas como la suya.

El peligro para la soberanía de las naciones

El avance de empresas como Palantir plantea interrogantes fundamentales sobre la soberanía. Cuando un Estado depende de sistemas externos para gestionar seguridad, inteligencia o infraestructura crítica, su autonomía se ve comprometida.

Al usar estos sistemas, los países ceden parte de su soberanía operativa. Ya no deciden solo los humanos, sino los algoritmos entrenados bajo la visión del mundo de Karp y Thiel.

El fenómeno puede interpretarse como una forma de colonización digital o imperialismo de software: en lugar de territorios o dinero, lo que se controla son datos, algoritmos y sistemas de decisión.

Las implicaciones son profundas:
Dependencia tecnológica: dificultad para operar sin proveedores externos.
Pérdida de control sobre datos sensibles: acceso de agencias de inteligencia externas.
Influencia indirecta sobre políticas públicas: pérdida de soberanía.

Además, la integración de estas tecnologías en ámbitos como defensa o seguridad amplifica los riesgos, ya que introduce actores privados en decisiones estratégicas de alto nivel.

No buscan un gobierno mundial de la ONU, sino un bloque global de naciones "eficientes" unidas por el mismo software (convenientemente el suyo), donde el orden y la victoria militar son valores superiores a la deliberación democrática.

Soberanía tecnológica: una propuesta urgente

Frente a este escenario, surge la necesidad de pensar alternativas. Desde la Teoría Soberanista propongo –como no podía ser de otra manera– la soberanía tecnológica. Una propuesta orientada a recuperar el control sobre infraestructuras digitales, datos y sistemas estratégicos, y proteger todo aquello que no ha caído bajo control extranjero.

Este enfoque implica: desarrollo de tecnologías propias; protección de datos e infraestructura nacional; fortalecimiento de capacidades estatales en inteligencia artificial y ciberseguridad.

Desde la perspectiva de la Teoría Soberanista, la independencia tecnológica es un componente esencial de la soberanía nacional en el siglo XXI. No se trata solo de economía o territorio, sino de control sobre los sistemas que estructuran la vida social y política.

Tenemos presente la idea de que el poder real reside en quien controla el dinero (los grandes bancos y fondos de inversión), pero también la información, el código y los algoritmos de defensa. Solo una democracia representativa con dirigentes electos puede detener la avanzada más novedosa de un imperialismo que en el fondo siempre es el mismo y beneficia a los mismos. Los globalistas siempre desean proyectar su poder más allá de las fronteras y para lograrlo buscan diversos medios. El Big Tech, el sistema financiero internacional y la industria farmacéutica de escala, están dirigidas por individuos con una clara agenda globalista y/o expansionista.

Conclusión

La figura de Peter Thiel y el papel de Palantir permiten comprender una transformación profunda del poder global. En un mundo donde la tecnología se convierte en infraestructura crítica, las empresas que la controlan adquieren una influencia sin precedentes.

He bautizado esta amenaza como: tecnoglobalismo o tecnoimperialismo. Esta formación, plantea desafíos fundamentales para las democracias y los Estados nacionales. La nueva arquitectura de software eficiente, ofrece dependencia y pérdida de soberanía; lo que está en juego constituye uno de los ejes centrales de lo que debería ser el debate contemporáneo. Lamentablemente, la velocidad de los cambios y la poca comprensión dejan estos planteos en un segundo plano.

En este contexto, la discusión sobre soberanía tecnológica deja de ser una cuestión técnica para convertirse en un problema político de primer orden: quién controla los datos, controla el poder.

Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com