HAYEK DESARMA LA TEORÍA DEL CICLO ECONÓMICO AUSTRIACO

Theo Belok demuestra como la Teoría del Ciclo económico austriaco fue desmantelada por uno de sus principales creadores.

ESCUELA ECONOMICA SOBERANISTA

Theo Belok

1/5/20266 min read

Dentro del universo de la escuela austríaca, la teoría del ciclo económico ocupa un lugar privilegiado. Es, para muchos de sus seguidores, la gran joya explicativa: una teoría que promete revelar el verdadero origen de las crisis, desenmascarar el papel de los bancos centrales y mostrar que las recesiones no son fallos del mercado, sino consecuencias inevitables de la intervención monetaria estatal. En el centro de esta narrativa aparece un nombre propio: Friedrich Hayek.

Hayek suele ser presentado como el gran arquitecto del ciclo austríaco. El economista que tomó las ideas de Mises y Wicksell, las refinó y las enfrentó cara a cara con Keynes en los años treinta. El Hayek de Prices and Production (1931) es, en ese sentido, el Hayek que muchos buscan: preciso, ambicioso, convencido de que es posible explicar el ciclo económico como un problema de descoordinación intertemporal generado por una tasa de interés artificialmente baja fijada por los gobiernos via Banco Central.

La historia es conocida. Existe una relación delicada entre ahorro e inversión, mediada por la tasa de interés. Esta tasa transmite información clave sobre las preferencias temporales de los individuos. Cuando el sistema bancario, guiado por el Banco Central, expande el crédito y reduce el interés por debajo de su nivel “natural”, los empresarios reciben una señal engañosa: creen que hay más ahorro disponible del que realmente existe. Inician proyectos de largo plazo, intensivos en capital, que solo pueden sostenerse mientras el crédito fluye. Cuando la expansión se detiene y los recursos reales resultan insuficientes, los errores salen a la luz. Llega la crisis.

Esta explicación tiene elegancia, coherencia interna y una fuerte intuición causal. No sorprende que, en plena Gran Depresión, Hayek se convirtiera rápidamente en una figura relevante del debate macroeconómico. Durante un breve período, fue visto como el principal rival teórico de Keynes y como uno de los grandes especialistas en teoría del ciclo. Su propuesta de no intervención ante la crisis, lo dejó en el segundo puesto en la disputa con un Keynes que dominó por varias décadas el pensamiento económico dominante de la primera potencia mundial.

Pero ese momento fue también el comienzo de una incomodidad intelectual que Hayek nunca terminó de resolver de la manera que muchos de sus lectores actuales desearían.

A medida que profundiza en los problemas del capital, el tiempo y la coordinación económica, Hayek empieza a advertir algo fundamental: la idea de una “tasa natural de interés” es mucho menos clara de lo que la teoría del ciclo parece requerir. En una economía real no existe una única tasa, sino una multiplicidad de tasas asociadas a distintos bienes, plazos, tecnologías y expectativas. La estructura productiva es heterogénea, el capital no es homogéneo y el equilibrio intertemporal no es un punto bien definido al que el sistema tienda mecánicamente.

Estas dudas aparecen con fuerza en sus trabajos de mediados y fines de los años treinta y culminan en The Pure Theory of Capital (1941), una obra densa, compleja y notablemente distinta del Hayek más popular. Allí, el problema no es que el banco central “se equivoque” al fijar la tasa de interés. El problema es más profundo: no está claro que siquiera exista una "tasa natural" que pueda ser conocida, calculada o impuesta.

Este reconocimiento tiene implicancias muy serias para la teoría del ciclo que tanto habían defendido y popularizado. Me explico, sin una tasa de interés natural, no se puede afirmar que el gobierno está imponiendo tasas demasiado bajas y, por lo tanto, la teoría se desvanece de su sentido inicial. Si no hay una tasa natural única, ni bien definida, afirmar que la tasa de mercado es “demasiado baja” deja de ser una afirmación precisa. ¿Baja en relación con qué estructura de preferencias, qué conjunto de planes, qué configuración futura del sistema productivo?.

En este punto conviene introducir una aclaración técnica que suele pasarse por alto. Los bancos centrales no determinan directamente las tasas a las que los bancos prestan a hogares y empresas. La Reserva Federal, por ejemplo, controla una tasa de muy corto plazo en el mercado interbancario y administra las condiciones de liquidez del sistema, pero las tasas de interés relevantes se forman de manera descentralizada, a partir del riesgo del prestatario, el plazo, la competencia entre bancos, las expectativas y la regulación.

En los sistemas monetarios modernos, además, el dinero no es simplemente “inyectado” desde arriba: los bancos crean dinero al otorgar crédito, y el banco central acomoda las reservas ex post para sostener su objetivo operativo. El crédito, en ese sentido, es endógeno. Esto no significa que la política monetaria sea irrelevante, pero sí que su influencia es indirecta, heterogénea y mediada por múltiples canales.

Esta distinción desde la Teoría Económica Soberanista que desarrollo, es importante porque introduce una primera tensión en la narrativa del ciclo. Si el banco central no fija las tasas de crédito relevantes y no controla mecánicamente la cantidad de préstamos, entonces la idea de una tasa “artificialmente baja” comienza a perder precisión operativa. La causalidad entre política monetaria, decisiones empresariales y estructura productiva se vuelve menos lineal de lo que sugiere el relato más difundido.

“Incluso entre sus contemporáneos, el supuesto de una tasa natural única fue cuestionado en tanto no existe una tasa homogénea de interés en una economía real, sino múltiples tasas en función de plazos, bienes y expectativas.” (Redalic, 2018)

Cuando Hayek reconoce la dificultad para probar la existencia de una "tasa de interés natural", comienza a desplazarse hacia otro terreno: el epistemológico. El foco de su análisis ya no está en identificar el desvío exacto respecto de un equilibrio intertemporal, sino en subrayar que el conocimiento relevante para coordinar una economía está disperso entre millones de individuos y no puede ser centralizado. El sistema de precios —incluido el interés— no transmite datos completos, sino señales fragmentarias que solo funcionan dentro de ciertos límites institucionales.

Desde esta perspectiva, el problema de la política monetaria no es tanto que fije una tasa incorrecta, sino que pretenda fijar una tasa en un contexto donde no puede conocer las condiciones reales de ahorro, inversión y preferencias temporales. La expansión del crédito introduce señales que no reflejan decisiones voluntarias de postergación del consumo, sino decisiones administrativas. Los agentes actúan sobre información incompleta y el sistema acumula inconsistencias.

El ciclo económico, en esta versión, ya no se deriva de una desviación mensurable y de encadenamiento lógico-causal respecto a una supuesta tasa natural, sino de una secuencia de errores de coordinación que solo se revelan posteriormente.

El resultado es una transformación profunda del argumento original. La teoría del ciclo pierde buena parte de su carácter mecánico y predictivo. Ya no ofrece un criterio claro para identificar cuándo una tasa es excesivamente baja, cuándo una burbuja está en formación o cuándo el ajuste es inevitable. En su lugar, emerge una crítica general a la pretensión gubernamental de control monetario en sistemas complejos. Hayek salva la crítica al intervencionismo, pero debilita mortalmente la propia Teoría del Ciclo Económico austriaco que él mismo y sus predecesores ayudaron a popularizar inicialmente.

Aquí aparece la paradoja que rara vez se discute entre los admiradores más fervientes de la escuela austríaca: Hayek es recordado como el gran teórico del ciclo económico, pero buena parte de su obra madura está dedicada a mostrar por qué ese tipo de teorías enfrenta límites insalvables. Su trayectoria intelectual no refuerza la teoría del ciclo; la tensiona, la problematiza y, en varios aspectos, la deconstruye.

La historia del pensamiento económico, sin embargo, suele congelar a los autores en su momento más útil para una causa. Se canoniza al Hayek de 1931 y se deja en segundo plano al Hayek que, una década después, dudaba de que el ciclo pudiera explicarse con la precisión que su propia teoría inicial parecía prometer.

No hace falta tomar partido para observar esta tensión. Basta con seguir el recorrido intelectual de Hayek con atención. El contraste entre el brillo inicial de la teoría del ciclo y la deriva epistemológica posterior no es un detalle menor ni una nota al pie: es una de las claves para entender por qué el Hayek histórico es más incómodo —y más complejo— que el Hayek convertido en estandarte.

Y quizás por eso mismo resulta tan poco citado en esta parte de su obra. En definitiva, resulta paradógico ver como hay quienes defienden de manera ferviente el Ciclo Económico austriaco sin saber que el mismo Hayek desmanteló la esencia original de esta teoría.

Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Trump contra el Globalismo" y "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com