LAS DOS GRANDES REVOLUCIONES MATERIALES

Mientras el ser humano avanzaba en autonomía material y libertad económica, viejas formas de sujeción -muy anteriores al surgimiento del capitalismo- no desaparecieron: por el contrario, se perpetuaron y se sofisticaron a la par de las transformaciones productivas.

ESCUELA ECONOMICA SOBERANISTA

Theo Belok

2/3/20264 min read

Para el tema que nos compete, es fundamental conocer cual era, en épocas remotas, la manera en la que los humanos obtenían sus medios de vida, y cómo éstos satisfacían sus necesidades. Esto viene condicionado por su relación con la naturaleza, el territorio y otros humanos.

LA REVOLUCIÓN NEOLÍTICA

Cuando el ser humano pasó de cazar y recolectar a cultivar y producir su propio alimento, dio un salto evolutivo decisivo. Este cambio inauguró una nueva relación con la naturaleza y con su propia subsistencia. Aquel momento marcó el inicio del paso de las sociedades nómadas a las sedentarias.

El resultado fue, en términos generales, una mayor autonomía alimentaria y un mayor control sobre los medios de subsistencia, aunque acompañado también de nuevas formas de organización social y jerarquización. Fue el comienzo de una relación más cercana y afectiva con la tierra. Los cultivos generaron asentamientos estables y generaciones sucesivas viviendo y muriendo en un lugar. La patria es la tierra de los padres, de los ancestros.

Esta fue la primera gran transformación, la Revolución Neolítica, que tuvo lugar en distintas regiones del mundo —Mesopotamia, Europa, América y Asia—.

EL ANTAGONISMO PRIMIGENIO

La mayoría de los humanos se hicieron sedentarios, es decir un grupo dedicado a actividades productivas, pero algunos pocos grupos continuaron en prácticas nómadas, caracterizadas por el extractivismo hacia la naturaleza (caza y recolección) y hacia grupos sedentarios (saqueo). No como rasgo cultural inevitable, sino como forma de subsistencia sin arraigo territorial. Allí se produjo el antagonismo primigenio entre grupos humanos productivos y grupos humanos extractivos. Un conflicto que llega bajo nuevas formas hasta nuestros días.

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Milenios más tarde, el ser humano pasó de fabricar artesanalmente utensilios destinados a satisfacer necesidades básicas a la producción manufacturera en masa, lo que dio un segundo gran salto evolutivo. La Revolución Industrial se inició en Inglaterra, donde una combinación histórica de innovaciones técnicas, organización productiva y condiciones institucionales dieron lugar a una ola de inventos que transformaron el transporte, las comunicaciones y la producción.

La industrialización protegida por el impulso estatal, elevó de manera inédita el nivel de vida, permitió satisfacer un número cada vez mayor de necesidades y extendió esos beneficios a capas crecientes de la población.

El resultado fue una mayor autonomía material, mejoras sustanciales en higiene, salud y condiciones de vida, y una expansión sin precedentes de la capacidad productiva. Crecieron los excedentes, el comercio y la riqueza nacional. La primera nación industrial de la historia se convirtió en potencia mundial.

Este segundo gran salto evolutivo fue la Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra y posteriormente extendida o imitada en el resto del planeta.

Conviene subrayar que este proceso no fue el resultado espontáneo de un mercado libre abstracto, sino el producto de una acción estatal decisiva. Inglaterra protegió por siglos sus manufacturas, reguló el comercio, impulsó infraestructuras estratégicas y utilizó su poder político y militar para asegurar mercados y materias primas. El libre comercio no fue el punto de partida de la Revolución Industrial, sino una estrategia posterior, adoptada cuando la superioridad productiva ya estaba consolidada. La apertura comercial funcionó entonces como instrumento de expansión y dominación, no como condición previa del desarrollo industrial.

ENTRE EL PROGRESO Y LA REGRESIÓN

Sin embargo, mientras el ser humano avanzaba en autonomía material y libertad económica, viejas formas de sujeción -muy anteriores al surgimiento del capitalismo- no desaparecieron: por el contrario, se perpetuaron y se sofisticaron a la par de las nuevas transformaciones productivas.

La relación asimétrica entre deudores y acreedores continuó operando y consolidando un modelo milenario de servidumbre económica, en abierta contradicción con el aumento de la libertad material alcanzada. La crítica a esta relación no era desconocida en la antigüedad, figura en Aristóteles, en la Biblia, luego Santo Tomás, los escolásticos, más adelante W. Shakespeare, hasta la actualidad con las observaciones de historia económica de Michael Hudson, y Ellen Hodgson Brown.

Sin embargo la teoría económica moderna ha omitido e invisibilizado un hecho indiscutible, que la deuda a interés compuesto tiende a crecer de manera acumulativa, mientras que la capacidad real de pago de los deudores está limitada por la entropía misma de la producción material, las condiciones meteorológicas y los recursos disponibles. Siguiendo esta lógica el ensanchamiento progresivo de esta brecha genera impagos recurrentes y facilita la transferencia de riqueza real desde los deudores hacia los acreedores.

De este modo, primero el rol del prestamista, luego el banco y el sector financiero en general, configura un sistema estructuralmente polarizante y extractivo, caracterizado por la restricción, la coerción y nuevas formas de servidumbre económica.

Cabe señalar y quiero recalcarlo nuevamente, que las actividades financieras preceden históricamente al nacimiento del capitalismo: el capital financiero no es necesariamente inherente al capitalismo productivo, aunque haya llegado a dominarlo.

El universo financiero, lejos de contribuir a la prosperidad general heredada de las dos grandes revoluciones materiales, constituye un obstáculo anacrónico a la evolución social productiva.

La persistencia histórica de la relación acreedor–deudor no constituye una anomalía ni un desvío moral del progreso económico, sino la expresión de un conflicto estructural entre dos lógicas civilizatorias opuestas. Por un lado, una lógica productiva, arraigada en el territorio, orientada a la reproducción material y a la ampliación de la autonomía nacional; por otro, una lógica extractiva, abstracta y desterritorializada (global), cuya expansión depende de la apropiación de excedentes ajenos mediante mecanismos financieros. Comprender esta tensión no como un accidente histórico, sino como un rasgo recurrente de las sociedades crecientemente complejas, es condición necesaria para pensar una economía verdaderamente soberana.

Esta tensión histórica que señalo entre dos lógicas diferentes de expansión material y financiera, así como la persistencia de relaciones de endeudamiento, y extracción, constituye uno de los temas de estudio fundamentales de la Teoría Económica Soberanista.

Por Theo Belok, padre de la Teoría Soberanista; escritor y analista geopolítico, autor de "Trump contra el Globalismo" y "Globalismo: ¿Qué es y cómo derrotarlo?". Sigue sus análisis en su sitio oficial: teoriasoberanista.com